viernes, 22 de julio de 2016

Ego.

Un bebé nace libre dispuesto a ganarse el mundo imaginando que todo será como quiere. Sin embargo, no han pasado segundos de estar aquí, entre nosotros, para administrarle alegrías, temores, ambiciones y un sin fin de emociones que no son suyas pero son las aspiraciones de papá y mamá y de la extensa lista de personas que habitan su entorno.

Entonces, se va forjando una personalidad diseñada por muchos mortales con la intención de que se adapte en eso que se llama sociedad. Con el tiempo, inmerso en el gentío, se van sucediendo eventos que van acumulando un sin fin de cosas donde la competencia y la lucha eterna es la tarea a cumplir. El estar satisfecho no se asoma porque siempre hay un algo que no se ha hecho "Hay un no sé qué pero falta algo, y siempre afanado haciendo algo para llenar un no sé qué que nunca llena". La palabra conforme no está permitida en su diccionario de vida porque es sinónimo de fracaso, o de no tener metas, o de ser un descuidado a los aplausos del mundo.

Así es Ego, esa estructura mental, psicológica, o como se quiera encapsular, que domina el todo, y todos sabemos de su existencia pero son muy pocos los que tienen idea de lo que es capáz de hacer con tal de evitar la unión entre los humanos; y, más aún, casi tdos ignoran ese poder que se da el tupé de silenciar la sagrada voz interior. Es como un fantasma esmerado en hacernos saber que estamos perdidos porque, por más que no se quiera, nos hace sentir que algo no es nuestro ya que vivimos calcando vivencias ajenas.

Independientemente de su orgullo, de su arrogancia y de las apariencias, Ego se viste de miedo. Miedo porque siempre está comprometido con los demás; miedo porque nunca hay la tranquilidad de haber logrado el todo; miedo a conocer lo que es desprendimiento. Tiene miedo a desconectarse de lo externo pero también es miedo a conectarse con lo interno; miedo a escuchar esa verdad desplazada durante tanto tiempo que solicita a gritos ser oída, sentida y fundamentalmente acariciada. Es miedo al convencerte que pueden haber miles de guías, charlas, libros, culturas milenarias y religiones, todas con las mejores intenciones pero nada, absolutamente nada, desplaza que eres único y que no hay fórmula mágica para encontrar el camino porque éste llega sin ser buscado y cuando menos lo esperas.

Ego, es un tema un tanto difícil de entender pero no porque sea complicado, sino porque llega el momento de la vida que amerita hacer cosas contrarias a lo que está acostumbrado hacer, por ejemplo, ser humilde consigo mismo, honesto consigo mismo, tener valor de dejar ataduras de cualquier orden y, no puede faltar, decir las cosas desde la verdad en su justo momento sin mirar al piso. Pero, para quién desee ser auténtico tendrá que asumir la reflexión profunda como tarea diaria, porque la reflexión superficial es propia del mismo Ego, y que se tenga la agudeza y gallardía de saber que es un trabajo que puede herir suceptibilidades porque no a todo el mundo le agrada su transformación.

Alégrate, cuando aparezca esa angustia que hace inquietar el corazón, el cuerpo y el alma. Eso que produce sinsabores, insomnio y ganas de ver y sentir algo diferente y mandar al vecino, al amigo y hasta tus hermanos al infierno porque está llegando la llama de diferenciarte de los demás. Aquí se necesita darle freno a Ego en un ambiente arropado por la tan rechazada soledad y su silencio que permita aquietarte, escucharte y arrullar lo más grande que ha creado Dios, Tú ser. Simple, es tú trabajo de vida.

Así, te darás cuenta que, a pesar de gente mala con ganas de perturbar la estadía en éste planeta, la vida tiene sentido y vale la pena vivirla con una tarea que hacer, evolucionar. Sabrás lo que es experimentar ser libre y que el mundo estará tentado a enfadarse porque ya eres diferente pero, no importa, te aplaudirás a ti mismo.

Se te quiere.

viernes, 8 de julio de 2016

El amor no es miedo

Decidí alejarme a un lugar que permita reencontrar ese ser perdido en otras vivencias olvidando mi propia vida. No es necesario destapar imaginaciones que adelanten truenos en donde no los hay. De mis labios no ha salido la palabra adiós. Hay dificultad para alcanzarte y, para ello, necesito vaciar experiencias que no son afines a lo que aspiro contigo, ir más allá de nuestro primer encuentro.

Algo no está bien, es algo con aroma de viejo, usado, recuerdos de otros instantes dispuestos a mortificar la confianza de ésta ilusión. Hay cosas que son mías que no quiero que sean tuyas. Insisto en estar juntos pero hay cuentos e historias que se asoman para ser repetidas y, ahorita, te puedo decir, que no hay cosa más tramposa que verte dormir con alguien asaltado por el miedo del pasado.

No te he dicho adiós, solamente he pedido al Universo que brinde la oportunidad de ver esas sombras que habitan en mi ser para, en ves de discutir, bailar un bolero con  ellas y transformarlas para despedirlas en paz. Sinceramente, pienso que lejos de alejarme es una demostración de mi anhelo de unirme a ti. Confía, el amor no es miedo.

Estoy convencido que éstos momentos ayudan a aclarar el paisaje emocional porque hay un nuevo despertar; ese ser desdibujado por el pasado tiene extraviada su individualidad y, al regreso, cuando la verdad retome el sentir, la dicha de nuestra relación será unir dos individualidades, la tuya y la mía.

Sabré que hubo algo bello en todo ésto porque, entre tantas cosas, tengo que agradecerle a esos seres que me hicieron conocer el inclemente frío de la soledad al demostrar que mis aspiraciones se desvanecían. Fue una gran experiencia que me niego a que se repita porque, de lo contrario, se adueñaría de mis sutilezas para escribirte un poema, del necesario susurro para decirte te amo, de ese inquieto deseo de verte  y, de la tan frágil, libre y necesaria pasión que nos funde en un solo ser.

Así, no tendremos miedo de lo que acontezca porque seremos una comunión un tanto estrafalaria en éste mundo donde el pasado de muchos mortales les hace difícil llegar al día después de la primera mirada.

Seguro de ser felices porque tú felicidad no dependerá de mi, ni la mía dependerá de ti. .

El amor no es miedo.